Al otro lado de la ventana II.5 Cancelar
Sentada frente al espejo de su tocador recorrió con sus dedos el collar. Sintió el contraste del frío metal y su cálida piel. Se le escapó una sonrisa cuando recordó el momento en que él lo ciñó a su cuello, mientras ella palpaba la imagen de una virgen encadenada. Por un instante pensó que él le había puesto un collar con una argolla parecido al de la imagen, se sintió aterrada. Pero él la sacó de dudas en un instante. El collar que lucía su cuello era más parecido a un torques celta que a un instrumento de dominación.
De todas formas no tenía muy claro qué pensar. ¿Acababa de conocerlo y ya le estaba regalando un collar?. Claro que realmente se conocían de hace unos cuantos años, era casi como un compañero más de trabajo, se veían todos los días a través de la ventana, sabía sus horarios y su costumbres, sólo que... sólo que no habían hablado hasta hace unos días.
Sintió como la duda empezaba a crecer en su pecho oprimiéndola. ¿Y si esto no salía bien? ¿y si se trataba de un maníaco? ¿y si...?.
Intentó parar su mente acelerada pero ya era demasiado tarde. Su conciencia y su control hacían acto de presencia. Se quitó el collar y lo dejó encima de la mesa. Él la iba a llamar con un plan sorpresa.
Casi sin pensarlo apagó el teléfono. Mejor meter algo de aire antes de que se asfixiara, mañana lo vería en el trabajo, le pondría alguna excusa y ya quedarían otro día, con más calma.
Puso música. Tarareando una canción se dirigió al baño y abrió el grifo de la ducha. Mientras esperaba a que la temperatura del agua fuera la adecuada miró su imagen en el espejo, por alguna razón se sentía fuerte y guapa, el tomar decisiones drásticas siempre provocaba esa sensación. En unos minutos el reflejo se empañó con la condensación del ambiente.
Mientras el agua recorría su cuerpo sintió un ruido en la habitación. Cerró el grifo para poder oír mejor pero todo parecía tranquilo. Los vecinos, pensó, y continúo duchándose con normalidad.
Salió del baño con el albornoz, sólo lo usaba en contadas ocasiones, cuando estaba demasiado cansada para secarse y vestirse nada más salir de la ducha, o cuando tenía compañía por una noche. Hoy estaba cansada. Al ver el teléfono apagado reposando sobre su tocador sintió un ligero remordimiento, ¿habría llamado?. Lo cogió en sus manos y le dio al botón de encendido.
Recibió un mensaje en cuanto el teléfono localizó la red, 15 llamadas perdidas de él.
-¿Por qué no llevas el collar puesto?- susurró una voz a sus espaldas mientras sentía cómo alguien le agarraba por el cuello- Todo podría haber sido tan fácil... pero ahora lo has estropeado todo
Sin aire no pudo gritar ni pedir ayuda. En su mente, nadando en un mar de terror y angustia, la imagen de un aviso de error en el ordenador:
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FIN






eltioantonio dijo
Un nuevo estilo, muy personal, muy original...
Besos
16 Junio 2007 | 12:58 AM