Al otro lado de la ventana. II.4 Cancelar
Tras la pausa del café volvió al trabajo con dos cosas que hacía tiempo que no sucedían, una sonrisa de oreja a oreja y una cita para esa misma noche.
Tras la ruptura con su ex novio no había tenido ninguna cita normal, únicamente algún que otro desliz nocturno y sin incidencias. La perspectiva de quedar con alguien para cenar en modo íntimo le llenaba de ilusión, una ilusión que hacía tiempo no sentía por nada ni por nadie. Sin darse cuenta se pasó la tarde pensando en qué ponerse para esa noche. Él no había querido decirle el plan que tenía, así que antes de salir de casa se probó aproximadamente todas las combinaciones posibles de sus camisetas, camisas, pantalones y faldas.
A la hora en punto estaba esperándolo justo donde él la había dicho. Bajo el arco de la puerta del rectorado, en la plaza más emblemática de la cuidad. Se trataba de un sitio más que curioso para quedar. Ese arco de piedra tallado siempre había llamado su atención, se entretuvo mirando a los santos y apóstoles representados hasta llegar a la imagen de la virgen con el niño. Tan absorta se encontraba que ni se percató de que alguien se acercaba por detrás.

Se sobresaltó al sentir algo suave rozando sus ojos y tapando su visión. Desde la oscuridad más absoluta sintió una respiración cálida en la nuca y una voz familiar susurrándole al oído:
-Confía en mi, deja que te descubra la cara oculta de tu cuidad- mientras oía estas palabras sintió como una mano firme sujetaba su mano y la posaba en la fría piedra.
Era él. Su cita de esa noche. Intrigada dejó que guiara su mano por la pared de piedra. Avanzaban lentamente, sus dedos sentían cada pliegue, cada grieta y cada figura. En su mente se fue conformando la imagen de un edificio totalmente distinto al que estaba acostumbrada a ver. Era más real, más sólido, más concreto.
Al cabo de un rato se empezó a sentir inquieta, tensa, ¿y si alguien los miraba? ¿Qué pensaría?
-Oye, ¿este es uno de esos juegos en que acabo quitándome la venda cuando tengo mi mano apoyada en el culo de algún angelito?, porque si es así casi que nos lo evitamos y te ríes ya de mi- dijo en un intento de romper la tensión-
-Yo no soy de ese tipo de personas, nunca se me ocurriría hacerte algo así. Sólo quería traerte a este lugar de una forma un poco especial- ¿Qué es lo que tocan tus dedos en este instante?
Ella recorrió con cuidado la figura de piedra que había bajo su mano. Parecía una mujer. Recorrió el contorno de su pecho y de sus hombros hasta llegar a su cuello y su rostro.
-Pues no sé, será una santa o una dama. Lleva un collar o una gargantilla y el pelo suelto...
De su boca salió un pequeño gemido cuando él pasó sus manos por encima de sus hombros y sintió el frío metal en torno a su cuello.
-¿Estás segura de que es un collar?
La venda de sus ojos cayó al suelo y pudo ver, por primera vez, la imagen que tan bien conocía a través del tacto. Se trataba de una mujer desnuda, con el pelo largo cayendo en cascada hasta sus pies. En su cuello se ceñía un collar, unido a su vez a una larga cadena.







pemm dijo
WAAAAA...!!!!Que pasadisima....
Estoy enfadado,!!!siempre me quedo a medias en lo mejor...!!!!
Besos mil...!!!!!
13 Junio 2007 | 09:03 PM