Al otro lado de la ventana. I.3: Aceptar.
Su primer impulso fue tirar el ramo de flores sin siquiera leer el mensaje. Estaba asustada. Su hermano no estaba en casa, en la mesa de la cocina había una nota de su puño y letra:
Hoy no vengo a dormir. Mañana nos vemos.
Por cierto, te ha llegado hoy un ramo de flores, felicita de mi parte al remitente... se lo curra a base de bien... Avísame a tiempo para la boda.
Justo hoy que menos le apetecía estar sola su hermano no estaba. Con la radio de fondo se desvistió lentamente, se puso el pijama y se lavó la cara. Ya más tranquila volvió a la cocina y recogió el sobre negro de la papelera. Lo abrió despacio y sacó de su interior un papel, en alto leyó las letras doradas sobre fondo negro:
Estaré a tu lado
Nunca te dejaré
Lo único que te pido
es que creas...
Reconoció las palabras al instante. Era la estrofa de una canción de Savatage que la había acompañado muchas noches de insomnio. ¿Sería él el que le había mandado las flores? ¿Cómo podía conocer su dirección?. Sintió un miedo frío subiendo por su espina dorsal. Pegó un salto con el timbre del teléfono. ¿Quién podría ser a estas horas?. Dudó un instante si atender o no la llamada. La curiosidad venció al miedo y en un hilo de voz descolgó el auricular:
-¿Si?
-Hija, ¿qué te pasa? ¿estabas durmiendo?
-No mamá, es que estoy cansada, nada más.
Al día siguiente llegó al trabajo más cansada que nunca. Sentía todo lo pasado el día anterior como una pesadilla. Haciendo un gran esfuerzo pudo concentrarse en su trabajo y mantenerse abstraída. Mantuvo la mirada fija en el ordenador toda la mañana, sin atreverse a mirar ni una sola vez por la ventana.
A la hora del café sus compañeros pasaron a buscarla. La máquina de café no funciona, dijeron. Hay que ir a la de los servicios informáticos en el edificio de al lado.
Por un momento pensó en volver a su despacho con una excusa ridícula, pero no tenía ganas de explicarles nada del día anterior, así que se dirigió con ellos hasta el edificio adyacente. En el camino su mirada se paró a la altura de su ventana, recorrió con la vista su escritorio desordenado, la parte de atrás de su ordenador y unas cuantas botellas de agua vacías. Le pareció que había algo raro, algo que no cuadraba. Era curioso verlo desde el otro lado de la ventana, puede que sólo fuera eso, el cambio de perspectiva. Cuando se quiso dar cuenta sus compañeros ya habían desaparecido, una figura solitaria fumaba al abrigo de la puerta, sonreía. Era él y la miraba fijamente.
Inicio.
I. Aceptar 1, 2.
II. Cancelar 1, 2 .




Maria dijo
Seguro que ha sido él el que ha estropeado la máquina de café aposta para que vaya a su edificio...
27 Abril 2007 | 11:08 PM