Al otro lado de la ventana
Todas las mañanas la misma figura pasaba por delante de la ventana mientras unos ojos seguían su trayectoria.
Él fuera, ella dentro. Él andando, ella sentada frente al ordenador, unos centímetros más allá, el exterior, la acera de siempre.
Ella era como una sombra atrapada tras unos barrotes oxidados, algunas veces el sol jugaba con la persiana y decoraba su cara con pinturas de guerra. Él se dibujaba con los fríos colores de un día nublado, su piel brillaba con la lluvia y su rostro ganaba dureza con algún rayo de sol despistado.
Todos los días sus miradas se cruzaban, empañadas por el cristal y el vaho. Dónde ella veía vigor él veía tristeza, dónde afloraba una sonrisa también asomaba una lágrima.
Sola, en su despacho, ella imaginaba sus vidas mezcladas en un mismo lienzo. Ella aderezaba su aspecto con conversaciones ficticias sobre cine mudo.
Él fumaba con los compañeros frente a la ventana, la observaba de reojo y configuraba su esencia con retazos de sus heroínas favoritas.
Un día a ella se estropeó el ordenador y el jefe prometió enviarle un técnico. Unas horas más tarde él cruzaba la puerta de su despacho. Los dos mudos, sin palabras. Sendas sonrisas trataban de abrirse paso en su estupor.
Con un par de frases modelo él arregló el ordenador de ella y todo volvió a la normalidad. Ella lo vio pasar de nuevo frente a su ventana y entrar en el edificio de los Servicios Informáticos. Sintió el no haber hecho nada, el haber dejado escapar la oportunidad. Bajó la mirada a la pantalla y entró en su sesión para retomar el trabajo. Un mensaje de aviso parpadeó en su pantalla:
"¿Quieres?"
Debajo dos opciones: Aceptar y Cancelar.





Antonio Alviárez dijo
Pues amiga mía, creo que ACEPTAR, será una opción a probar, a ver si un día cruzan palabra y con suerte un café o el cine?...
Saludos y buena semana, besos
10 Abril 2007 | 09:18 AM