Quiero y no puedo.
Palabras inconexas y frases sin terminar se escapan por la ventana, dejando una extraña sensación de quiero y no puedo.
Los peros persiguen a las afirmaciones más tajantes, pero se quedan prendidos en los aunques y no son escuchados más que por los oídos hermanos de la boca que los pronunció.
Saludos sin respuesta surcan el aire en busca de una sonrisa de reconocimiento, de otra palabra pareja con la que poder formar el inicio de una frase rica y florida.
Los adioses no son pronunciados por las repentinas desapariciones de uno u otro interlocutor.
-¿Qué ocurre mis amigas?- se cuestiona la pregunta al no encontrar palabras que la formulen- ¿Nadie se atreve a dar forma a la inquietud de mi hablante?
-¿Para qué?- responden unos cuantas adjetivos y tres o cuatro pronombres- si no hay interlocutores y el viento no escucha, ¿para qué cansarnos en construir conversaciones que nunca nadie oirá, que no recibirán respuesta?-
Con el tiempo la boca se cierra, los dedos dejan de teclear, ya no hay con quién hablar, a quién comunicar. Pero la pregunta sigue presionando en la garganta, hace que los dedos cosquilleen. Necesita ser formulada.
Así que los dedos sostienen el lápiz. Un verbo se sitúa entre los signos de interrogación, dando sentido a la pregunta, un único pronombre lo acompaña. Así de sencillo, la sentencia queda plasmada en el medio de una hoja en blanco.
¿Me quieres?




eltioantonio dijo
Cuando alguien desea escribir algo tan importante seguro que las palabras no fluyen ni en el teclado ni en el lapiz en la mano... Es difícil preguntarlo? Pero la duda esta allí.
Saludos Amiga.
13 Marzo 2007 | 08:57 PM