Sex & the VillageVI: Fiesta de pijamas.
El fin de semana Miranda nos invitó a su casa en las afueras. Así que el viernes Charlotte y yo salimos algo más temprano del trabajo para acudir a nuestra cita. El viaje, como siempre, estupendo. Charlotte de conductora y yo de copiloto. Siempre me asombrará su capacidad de conducir como una fitipaldi pese a estar al borde del colapso. Pero hacemos una buena pareja automovilística, mi odio por el coche se compensa con sus ganas de conducir, su falta de orientación con mi GPS interno. Yo pongo la música y ella me lleva a todas partes.
Llegamos a nuestro destino con la adrenalina a tope después de haber superado la dificultad de no perdernos en la locura del tráfico de la cuidad (bueno, reconozco que nos perdimos, pero conseguimos reencontrarnos utilizando el comodín de la llamada).
Steve y Miranda nos recibieron con alegría, pero un tanto cansados. Ellos iban despertando poco a poco, mientras Charlotte y yo les poníamos al día de nuestras vidas en uno de nuestros clásicos ataques verborreicos.
Con los ánimos un poco más calmados empezó el torbellino de ideas, ¿qué hacer esa noche? cada uno tenía un plan distinto. Charlottte tenía ganas de lucir palmito por la cuidad, tomar unos vinos por la zona vieja, por algo se había cortado el pelo esa misma tarde. Miranda y Steve pensaban más en cenar tranquilamente en casa y quizás ver una película. A mi me apetecía jugar a algún juego mientras disfrutábamos de una buena copa de vino. Así que finalmente acabamos con una mezcla de los deseos de todos.
Miranda preparó la cena y sacó unas botellas de vino. Tras la cena, extendimos sobre la mesa el juego perfecto para una reunión con amigos, ¿quién conoce a quién?. A través de una serie de preguntas sobre cada uno, se valora el nivel de conocimiento que los demás tienen sobre tu vida y tus gustos. Las risas siguieron a las conclusiones. Miranda conoce a Charlotte mejor que yo, sin embargo tiene más cosas en común conmigo. Y aunque Steve comparta gustos musicales y demás conmigo se iría de bares con Charlotte para descubrir nuevas facetas de la cuidad.
Dos o tres botellas de vino más tarde decidimos ponernos cómodos. Todos en pijama y con el ánimo por las nubes la noche nos llevó a jugar al Yo nunca, que para quien no lo conozca consiste en que uno tiene que decir en alto algo que NUNCA haya hecho, los que si hayan hecho eso alguna vez han de beber un trago de su copa. Por turnos y poco a poco, los Yo nunca derivaron en el tema favorito universal... el SEXO.
Nos dimos cuenta de que este juego perdía gracia a medida que nos vamos haciendo mayores, porque al fin y al cabo van quedando menos cosas que encuadrar en un Yo nunca...
El vino caldeaba el ambiente y del Yo nunca pasamos al A mi me gustaría. Conclusión inevitable... a estas alturas del cuento pocas cosas NUNCA haríamos y a todos nos GUSTARÍA hacer muchas más...
Dispuestos a bajar el vino que, más que llamar, gritaba a las puertas de nuestras cabezas, dejamos la mesa e improvisamos una pista de baile en el medio del salón. Bailamos lo de moda y lo clásico, coreamos himnos pasados y futuros. Nos dejamos llevar por las notas y las melodías, alentados por las palabras de Charlotte, que convertida en una experta bailarina, nos dejó con la boca abierta con la perfección de sus movimientos.
Fotos, risas, bailes, chistes, guiños y más risas. La noche terminó cuando nuestros pies no podían más y decidimos, por fin, irnos a la cama.
El resto del fin de semana trajo más risas entre compras, patinaje sobre hielo y películas antiguas (Irma la dulce más dulce que nunca). Por supuesto, intercalando conversaciones sobre nuestras respectivas vidas sentimentales y sexuales. Que mira que es guapo vuestro vecino, Miranda, ¿no has pensado nunca en colarte en su casa cuando sacas a pasear al perro?.
Hace unos años no disponíamos de coche o carné de conducir para hacer una escapada a casa de nuestros amigos, no nos podíamos permitir cenas con vino bueno o pasar un fin de semana entero todos juntos. Pero el caso es que, mirando hacia atrás, veo que aunque el marco de nuestros encuentros cambie, seguimos conservando el mismo gusto por compartir nuestro tiempo, seguimos escuchándonos y por supuesto... seguimos hablando de sexo.
¿Creíais que en una fiesta de pijamas había más sexo que el oral?
Sex & the Village I, II, III, IV. V

edt dijo
Muy bueno. saludos
4 Febrero 2007 | 01:22 PM