Tic Tac

Estaba en el cajón del escritorio, junto al resto de sus cosas, el resto... el resto de una vida pasada feliz, triste a través del tiempo.
Tic tac
Lo cogí entre mis manos, esquivando las cartas tantas veces releídas, tantas veces lloradas, estaban todas, contestaciones incluidas. Lo miré, estaba parado, sus agujas no se movían, toda mi vida llevaba detenida mucho tiempo, desde el momento en que sus agujas se habían parado, a las 6 de la tarde... de aquel lejano mes de julio.
Tic tac
Cogí la rueda entre mis manos y le di cuerda, el segundero empezó a avanzar, contando los segundos, haciendo que pasasen los minutos, llevando consigo las horas y quizás los días... su molesto ruido empezó a resonar en mi mente, provocando el despertar de esa parte que llevaba meses, incluso años, dormida.
Tic tac
El ruido me hipnotizaba, me llamaba, me retenía...
Tic tac
¿Por qué había decidido darle cuerda a aquel reloj? Hacía mucho tiempo que no abría ese cajón, por miedo a desenterrar aquellos recuerdos tan dolorosos, ¿por qué esta tarde de domingo di ese paso?
Tic tac
No podía dejar de mirarlo, no podía hacer nada más... en la lejanía me pareció escuchar un teléfono, en la lejanía, pensé que sería el de los vecinos.
Tic tac
El sol se puso, pasó la noche, no podía dejar de mirarlo, no podía dejar de pensarlo, incluso con los ojos cerrados estaba ahí, ante mis ojos, sus agujas avanzando sin detenerse, ¿cuanto duraría la cuerda del reloj?
Tic tac
Amaneció y no había dormido nada, pero no tenía sueño, mi corazón bombeaba al ritmo de las agujas, notaba como la sangre avanzaba por mis venas y capilares, alimentando todos los tejidos, todos los órganos.
Tic tac
Sin dejar de mirarlo me levanté, andando despacio, a su ritmo, a mi ritmo, al ritmo en que giraba el mundo y todo ocurría. Sentía la cuenta atrás, pero, ¿la cuenta atrás de qué?
Tic tac
Delante de la ventana, abierta, sentí, sin dejar de mirarlo, la brisa de otoño que agitaba mi cabello, no sentía frío, no sentía nada, solo lo miraba, esperando algo, esperando una señal, que algo cambiara, que dejara de moverse.
Tic tac
Me senté en el alféizar de la ventana, sin saber por qué, ni cómo, seguía mirándolo, sus agujas seguían avanzando, ahora la brisa se transformó en viento y meciéndome a su ritmo, oí unos gritos lejanos, ¿estarán hablando conmigo?
Tic tac
A mitad de camino del suelo sentí como la cuerda del reloj se acababa, las agujas se paraban y sentí miedo, terror, pude ver la cara de mis vecinos, en la acera... cuando mi cuerpo chocó con el suelo y todo cesó.

Antonio Alviárez dijo
Toda una agonica noche, a veces el tiempo es algo misterioso y se adentra en nuestra mente.
Saludos
13 Noviembre 2006 | 10:51 PM