Encuentros, reencuentros y desencuentros
En un festival multitudinario aunque suela ir todo el mundo, además de mucha gente que conoces de distintos ámbitos, uno no espera encontrarse con nadie, únicamente con aquellos que no quieres o no esperas, porque aunque el espacio sea reducido la cantidad de gente hace que las posibilidades de encontrarte con alguien esperado son muy pequeñas.
Ese era mi pensamiento durante los dos primeros días del festival que todos los años se celebra en mi pueblo, pese a que ya me siento mayor y fuera de lugar, sigo yendo año tras año porque siempre espero encontrarme con alguien.

El primer día fue el de los encuentros propiciados por el teléfono móvil: una amiga que estudia fuera y que se ha convertido en mi fiel compañera de festival, un gran amigo que por circunstancias vive en otra ciudad y un amigo que vive en el extrangero y que sólo vuelve a casa con el sonido de las gaitas. Fueron encuentros entrañables, divertidos y esperados, aquellos por los que sigo volviendo año tras año a este evento y que hacen que la visita merezca la pena.
Pero el último día, cuando ya sólo quedaba disfrutar de un último vistazo a la gente y el ambiente, porque todos los amigos habían partido, el azar propició un reencuentro inesperado, me encontré con un amigo de la adolescencia, novio ocasional y compañero de múltiples aventuras. Nos pusimos a hablar, a contarnos nuestras vidas actuales y preguntarnos por el resto de la pandilla. Poco a poco, como antaño, el grupo fue creciendo, primero uno, luego otro y la pareja feliz, cuando me quise dar cuenta sonreia como una tonta, mirando para aquella gente que hacía cinco años que no veía junta, como música de fondo el folk de unos irlandeses magistrales. La noche acabó como en los viejos tiempos, dando saltos al lado del escenario y coreando las canciones de Gwendal.
Volví para la ciudad contenta, con la satisfacción de los encuentros y los reencuentros.
¿Pero falta el desencuentro?
El desencuentro lo viví hoy, cuando empezaba a coger el ritmo del trabajo y de la ciudad, pero no quiero invocarlo, me quedo con mis encuentros y mis reencuentros.

spidermiki dijo
Echa la última palada de tierra sobre el hoyo y a disfrutar de los encuentros y reencuentros, sobre la tierra siempre vuelven a florecer las flores....... pa que juegen las campanillas al rededor de ellas, un abrazoteee.
12 Julio 2006 | 05:56 PM