Categoría: Sex & The Village
21 Febrero 2007
Como suele suceder en un pueblo tan pequeño y con una población flotante tan elevada, la última noche del puente de Carnavales la gente perdió el norte, el sur e incluso el este y el oeste. Quizás fruto del alcohol, quizás animados por ir disfrazados de algo que nunca serán... o puede que por ambas cosas.
Como siempre, nosotros acabamos decidiendo nuestro disfraz en el último minuto. Pese a todo el esfuerzo intelectual gastado en la tormenta de ideas del viernes, recurrimos a una idea totalmente nueva surgida a escasas horas de la noche del lunes. Con prisa pero sin pausa recorrimos todas las tiendas susceptibles de poder aprovisionarnos con el arsenal que necesitábamos. Compramos telas, cartulinas y cordones. Recopilamos bufandas y pañuelos y finalmente nos reunimos en mi casa dispuestos a salir de allí, finalmente, metidos en nuestro papel.
Efectivamente, un poco tarde, y totalmente mutados por el disfraz, un grupo de ninjas abandonamos la casa silenciosamente. Armados hasta los dientes y dispuestos a realizar los sucios encargos de quién estuviese dispuesto a pagar su precio. Es curioso como cada año conseguimos currarnos un disfraz aceptable pese a las prisas.
Por el camino recogimos a Charlotte, una mexicanita de lo más guapa, también armada hasta los dientes. Curiosa mezcla la que recorrió esa noche los bares de la Villa.

Entrábamos en los sitios totalmente embozados y con el porte serio que nuestro disfraz merecía. Las miradas se dirigían a nosotros, intentando discernir quién se escondía tras tanto pañuelo... pero no salían de sus dudas hasta que, por fin, para pedir las consumiciones, bajábamos el pañuelo que nos tapaba la cara hasta la nariz y descubrían nuestra sonrisa carnavalesca.
Varias copas de vino más tarde las calles comenzaron a llenarse con el bullicio propio de estas fiestas. Curas, hindús, exploradores, escoceses y hombres vestidos de mujer llenaban los bares y se mezclaban en una danza loca y desinhibida. Como si los nuevos roles adoptados trajeran consigo una nueva personalidad, más abierta y sin ningún tipo de reparo.
Nosotros, metidos en nuestro papel de asesinos silenciosos, emboscamos a diestro y siniestro.
Lo mejor fue observar los emparejamientos surgidos de la locura de la noche. Eduardo Manostijeras y El Cuervo besándose en una esquina oscura, una mejicana y un escocés huyendo del bullicio, una señorita ligera de cascos tocándole el culo a un cura en medio de la pista. Es lo curioso de los disfraces, que en general todo el mundo se mete en su papel, pero de una forma exagerada, histriónica. Lo que trae una desinhibición total, como si realmente la máscara ocultara su verdadera personalidad, su yo de todos los días. Y realmente acaba siendo así, porque nada de lo que ocurre en la noche de Carnaval es tenido en cuenta más adelante. Resulta una noche ideal para la confesión de ese amor platónico de toda la vida o para que surjan los emparejamientos más imposibles.
A mi me tocó lidiar con el tonto del pueblo, que intentó, a toda costa, liarme con un discurso tan tonto como él. Para que podáis entender la acritud del comentario transcribo parte de la conversación:
ÉL: Sabes que si quiero le puedo decir a todo el mundo que tu y yo nos hemos liado-
YO: Sabes que no es verdad
ÉL: Pero si me da la gana puedo decir e inventar lo que quiera de ti.
YO (Ya cabreada): Puedes hacer y decir lo que quieras de mi, ¿te crees que a estas alturas de mi vida me va a importar algo?.
ÉL: Bueno, vale, vale, que tu y yo nos llevamos bien... Por cierto, ¿sigues saliendo con el calvito ese?
YO (mirada furibunda): En primer lugar, el "calvito ese" tiene nombre, además de ser más guapo, inteligente, educado e ingenioso que tu (ciertamente "el calvito ese" lo había vacilado magistralmente hace unos años) y, en segundo lugar.... no, ahora tengo un novio con mucha más mala ostia.
Y es que yo me pregunto, ¿estaba intentando ligar conmigo o solo que me fuera de mal humor para casa?. Siempre me ha hecho gracia la gente que se mete contigo a base de indirectas (que por otra parte considera más geniales de lo que realmente son) y luego afirma lo amigos que sois de toda la vida (cuando, si bien es cierto que os conocéis de toda la vida, el discutir una vez al año no os convierte en amigos).
Que si, definitivamente, la gente se vuelve loca al disfrazarse, en todos los sentidos. Pero, ¿qué queréis que os diga?, para mi es una regresión a la infancia que me llena de fuerzas para llevar mejor el día a día.
Sex & the Village I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII .
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17 Febrero 2007
Todos los años por estas fechas sucede lo mismo. A todos nos gusta disfrazarnos y desde que nos conocemos nos reunimos en la Villa para celebrar los Carnavales.
Todos los años decimos que para el siguiente planearemos el disfraz con tiempo. Así cada uno, desde su ciudad tiene tiempo de recopilar las cosas necesarias, comprar lo que haga falta y nos evitamos el preparar todo a prisa y corriendo.
Pero, como ya he dicho, todos los años sucede lo mismo. Llega el viernes del puente de Carnaval y nos reunimos para la Tormenta de ideas. Con solo dos días escasos para preparar el disfraz, hay prisas y las ideas se ven reducidas a aquellas que se puedan llevar a cabo con ropa que ya habite los armarios y quizás alguna compra de última hora en el "Todo a 100" del pueblo (la opción de usar una sábana para preparar el disfraz es la más recurrente).
Parece que con la edad no hemos perdido ni un ápice de la ilusión que nos mueve a disfrazarnos desde la más tierna infancia, pero sí hemos ganado un talante democrático apabullante.
Yo, bolígrafo en mano, me erigí como secretaria de la sesión. Con mala letra (es lo que hay, hija de médicos no podría ser de otra manera) y mucha presteza iba apuntando todas las ideas que, desde los primeros minutos, empezaron a volar por el aire.
Hay ciertas ideas que año tras año surgen y que siempre se quedan en el olvido, o bien por ser demasiado difíciles o bien por ser obsesiones individuales.
En el primer grupo se sitúan ideas como Divas de Hollywood, cada una tiene su musa, yo misma dudo entre Audrey Hepburn y Marlene Dietrich (siempre he querido llevar un esmoquin con el mismo estilo que ella), Charlotte prefiere a Lauren Bacall, Miranda, sin duda elegiría a Marilyn Monroe y Steve... le tocaría vestirse de James Dean para ir acorde.

En el segundo grupo, el de las manías de cada uno, están ideas tan dispares como ir de CSI (como ya habréis adivinado esa es mi opción), hindús (a Miranda el yoga le ha afectado bastante y hasta a Steve le empieza a gustar la idea de vestirse de Dalai Lama), Superhéroes (idea recurrente de Charlotte que yo, sin duda, apoyo)...
El caso es que las ideas comenzaron a fluir en la reunión de la noche del viernes. Lo de siempre se mezcló con otras sugerencias tan dispares como Chachas asesinas, Policías y presos (a Steve, el único chico del grupo, le tocaría ser custodiado y esposado por cuatro policías sexis), Carné por puntos (si, se nos ocurrió que uno se vistiera de carné de conducir y los demás, vestidos de puntos, huiríamos de él), Pescadores (aquí las lluvias torrenciales influyeron a la hora de pensar en algo que requiriese ropa de aguas), Rambo (No siento las piernas ya es todo un clásico), Circo (a mi la idea de vestirme de domadora de leones me empezaba a gustar cada vez más), Chinos, Santos (Sta. Mª Magdalena con una bolsa de idem), Charly y la fábrica de chocolate...
En fin, que el delirio llegó a puntos inauditos. Cada idea traía consigo el desarrollo del cómo podríamos llevarla a cabo, con las consecuentes risas. Por ejemplo, ecologistas apaleando a pescadores apaleando a una foca... Por supuesto cada elección iba acompañada de una larga disertación sobre la corrección política del disfraz o el mal gusto del mismo.
Cuando mi lista ya contaba con 36 opciones, y ya era lo suficientemente tarde como para empezar con la negociación, llegó la hora de las votaciones. Sometimos todas las ideas a varias rondas, fuimos eliminando unas cuantas... y finalmente nos quedamos con dos opciones que no convencían a nadie. Ahí es cuando Charlotte pronunció una gran frase:
-Maldita democracia, que convence a todos pero no contenta a nadie.
Conclusión, cada uno volvió a su casa, más tarde de lo decente, con miles de ideas flotando en la cabeza y sin la decisión tomada. Así que hoy, sábado, discutiremos de nuevo sobre el disfraz, llegaremos a una decisión en el último momento y el lunes, por fin, nos disfrazaremos, reiremos y otro año más repetiremos eso de "el año que viene pensamos el disfraz en Navidades".
Sex & the Village I, II, III, IV, V, VI, VII.
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15 Febrero 2007
¿Tiene el amor fecha de caducidad? o quizás ¿dónde hubo llamas siempre quedan brasas?.
En mi caso suelo incendiar el bosque entero y en cuanto se apaga la llama (normalmente debido a grandes trombas de agua, rayos y centellas), buscar otro bosque en dónde, con una chispa perdida e involuntaria, poder quemar unos cuantos árboles antes de que vuelva a llover. Así que no me dejo comprobar si quedan rescoldos o no en el bosque abandonado a su suerte. Al fin y al cabo en muchos casos es mejor pensar que sólo quedan cenizas, que sacar el soplete o dejarse los pulmones intentando avivar unas brasas que quizás no vuelvan a arder, o que acaben provocando quemaduras graves.
¿Por qué, en general, cuesta tanto asumir que las cosas se acaban?, ¿por qué nos aferramos al clavo ardiendo de una relación en extinción?. Quizás porque eso significaría renunciar al cuento de hadas, al "amor para siempre", el hasta que la muerte nos separe... o es el miedo a que no pueda existir en la vida más de un gran amor. La respuesta, como siempre, la trae el tiempo y solo está al alcance de aquellos que tienen la paciencia de esperar sin desesperar. Supongo que para cada uno hay una respuesta distinta porque al fin y al cabo hay múltiples formas de amor y millones de relaciones distintas.
Así que, ¿qué es lo que queda tras una ruptura de las que mueven los cimientos de tu vida?. Asumir, reconstruir y esperar. Asumir que se ha acabado. Reconstruir la vida como individuo individual. Esperar a que el tiempo, quizás, nos traiga alguna respuesta (que un viento huracanado reavive la llama o que otro gran incendio destruya los cimientos del pasado).
Conste que esto lo digo desde la más profunda incertidumbre, el más completo entendimiento y la más grande esperanza.
Incertidumbre que he puesto como bandera de mi vida.
Entendimiento de que hay cosas que se acaban pero muchas otras que merecen la pena.
Esperanza... esperanza de el amor sea eterno (aunque pueda ser variable).
Sex & the Village I, II, III, IV, V, VI.
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4 Febrero 2007
El fin de semana Miranda nos invitó a su casa en las afueras. Así que el viernes Charlotte y yo salimos algo más temprano del trabajo para acudir a nuestra cita. El viaje, como siempre, estupendo. Charlotte de conductora y yo de copiloto. Siempre me asombrará su capacidad de conducir como una fitipaldi pese a estar al borde del colapso. Pero hacemos una buena pareja automovilística, mi odio por el coche se compensa con sus ganas de conducir, su falta de orientación con mi GPS interno. Yo pongo la música y ella me lleva a todas partes.
Llegamos a nuestro destino con la adrenalina a tope después de haber superado la dificultad de no perdernos en la locura del tráfico de la cuidad (bueno, reconozco que nos perdimos, pero conseguimos reencontrarnos utilizando el comodín de la llamada).
Steve y Miranda nos recibieron con alegría, pero un tanto cansados. Ellos iban despertando poco a poco, mientras Charlotte y yo les poníamos al día de nuestras vidas en uno de nuestros clásicos ataques verborreicos.
Con los ánimos un poco más calmados empezó el torbellino de ideas, ¿qué hacer esa noche? cada uno tenía un plan distinto. Charlottte tenía ganas de lucir palmito por la cuidad, tomar unos vinos por la zona vieja, por algo se había cortado el pelo esa misma tarde. Miranda y Steve pensaban más en cenar tranquilamente en casa y quizás ver una película. A mi me apetecía jugar a algún juego mientras disfrutábamos de una buena copa de vino. Así que finalmente acabamos con una mezcla de los deseos de todos.
Miranda preparó la cena y sacó unas botellas de vino. Tras la cena, extendimos sobre la mesa el juego perfecto para una reunión con amigos, ¿quién conoce a quién?. A través de una serie de preguntas sobre cada uno, se valora el nivel de conocimiento que los demás tienen sobre tu vida y tus gustos. Las risas siguieron a las conclusiones. Miranda conoce a Charlotte mejor que yo, sin embargo tiene más cosas en común conmigo. Y aunque Steve comparta gustos musicales y demás conmigo se iría de bares con Charlotte para descubrir nuevas facetas de la cuidad.
Dos o tres botellas de vino más tarde decidimos ponernos cómodos. Todos en pijama y con el ánimo por las nubes la noche nos llevó a jugar al Yo nunca, que para quien no lo conozca consiste en que uno tiene que decir en alto algo que NUNCA haya hecho, los que si hayan hecho eso alguna vez han de beber un trago de su copa. Por turnos y poco a poco, los Yo nunca derivaron en el tema favorito universal... el SEXO.
Nos dimos cuenta de que este juego perdía gracia a medida que nos vamos haciendo mayores, porque al fin y al cabo van quedando menos cosas que encuadrar en un Yo nunca...
El vino caldeaba el ambiente y del Yo nunca pasamos al A mi me gustaría. Conclusión inevitable... a estas alturas del cuento pocas cosas NUNCA haríamos y a todos nos GUSTARÍA hacer muchas más...
Dispuestos a bajar el vino que, más que llamar, gritaba a las puertas de nuestras cabezas, dejamos la mesa e improvisamos una pista de baile en el medio del salón. Bailamos lo de moda y lo clásico, coreamos himnos pasados y futuros. Nos dejamos llevar por las notas y las melodías, alentados por las palabras de Charlotte, que convertida en una experta bailarina, nos dejó con la boca abierta con la perfección de sus movimientos.
Fotos, risas, bailes, chistes, guiños y más risas. La noche terminó cuando nuestros pies no podían más y decidimos, por fin, irnos a la cama.
El resto del fin de semana trajo más risas entre compras, patinaje sobre hielo y películas antiguas (Irma la dulce más dulce que nunca). Por supuesto, intercalando conversaciones sobre nuestras respectivas vidas sentimentales y sexuales. Que mira que es guapo vuestro vecino, Miranda, ¿no has pensado nunca en colarte en su casa cuando sacas a pasear al perro?.
Hace unos años no disponíamos de coche o carné de conducir para hacer una escapada a casa de nuestros amigos, no nos podíamos permitir cenas con vino bueno o pasar un fin de semana entero todos juntos. Pero el caso es que, mirando hacia atrás, veo que aunque el marco de nuestros encuentros cambie, seguimos conservando el mismo gusto por compartir nuestro tiempo, seguimos escuchándonos y por supuesto... seguimos hablando de sexo.
¿Creíais que en una fiesta de pijamas había más sexo que el oral?
Sex & the Village I, II, III, IV. V
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7 Enero 2007
La noche de víspera de Reyes en la Villa significa todos los años quemar los últimos cartuchos. Todos los jóvenes y no tan jóvenes se reúnen por las calles y bares para despedirse de las fiestas, en un intento de alargar la noche lo imposible y evitar la inexorable llegada de la rutina, el trabajo y las clases.
Viéndose mermada nuestra pandilla por la epidemia más común (la gripe), esa noche Miranda y yo decidimos darlo todo por la causa mas noble: pasárnoslo bien.
El principio de la noche transcurrió por los lugares comunes. Todavía acompañadas de los enfermos, hablamos del creciente número de solterías que rodea a la gente de nuestra generación. Llegamos a varias conclusiones, una de ellas, que la mayor parte de las rupturas suceden en una media de 5 años de relación, los motivos... caminos tangenciales, una de las partes necesita dar el paso del compromiso (ya sea con boda, convivencia, presentaciones familiares o un simple te quiero) y la otra se niega a abandonar su posición de eterno adolescente. Miranda defendió su situación de emparejada como una forma de ir contracorriente. Curioso que a su edad se considere una persona rara por tener ya un empleo estable y una pareja más estable aún (y es funcionaria).
Cuatro vinos y tres cervezas más tarde, y ya solas, decidimos pasar a palabras mayores y empezamos con las copas. Desde nuestra posición elevada en la barra observamos las danzas de apareamiento a nuestro alrededor. X ligaba con Y mientras Z se moría de celos. El macho alfa encandilaba a las hembras beta y ganma con su clásica sonrisa de truhán. P y Q buscaban las esquinas mientras sus besos llenaban los espacios. Quince minutos más tarde X pululaba en torno a Z, aprovechando la escapada de Y al baño. La hembra beta se enrollaba con el macho alfa mientras ganma fijaba su objetivo en el macho delta recién llegado al local. Q huía de P en busca de un poco de aire y P perseguía a Q allá a dónde fuera.
En un pueblo en el que normalmente las pandillas no se mezclan y practican la fría indiferencia, resultaba curioso observar como, esa noche, todos eran amigos de todos.
Al final de la noche el momento más surrealista de todos. Estábamos bailando en el medio de la pista. La música menos bailable que podáis imaginar, aquella que tras pasar de moda ni siquiera encontró su lugar en ninguna recopilación veraniega. La proporción de hombres:mujeres era de 7:2. Nosotras exhibiéndonos con cierta superioridad y mucha diversión, entre los mayores de 30 y los menores de 20. El grupo de los menores de 20 empezó a mostrar cierto interés por nuestros cuerpos serranos y nuestros aires de despreocupación meditada, así que empezaron a lanzar sus cargas de profundidad.
Curioso observar cómo cambian con las generaciones las formas de ligar. El graciosillo del grupo intentó llamar mi atención con un par de tirones de mi bolso. Viendo que la estrategia no funcionada, tocó el turno del macarrilla, con una mirada que ni Clint Easwood en sus mejores tiempos, nos ofreció un porro creyendo que a eso no podríamos negarnos. Ante nuestra negativa entró en juego el que las mata callando... lentamente se acercó a mi oido y en un susurro me dijo: ¿te vienes al baño conmigo?.
Creo que mi cara fue lo suficientemente descriptiva como para que intuyera la respuesta, pero una vez repuesta del shock intergeneracional le respondí con una sonrisa: Pues va a ser que no...
Con los pies doloridos y la sonrisa en la cara Miranda y yo nos fuimos para casa al amanecer. Todavía preguntándonos si con una chica de su edad esa estrategia hubiera funcionado, en nuestros tiempos por lo menos te preguntaban el nombre antes de intentar meterte mano.
Al día siguiente el café lo tomamos después de una siesta. Entre risas y chistes malos recordamos la divertida noche de Reyes, en que todo el pueblo fue uno y nosotras las reinas de la noche. Seguras de que si le preguntabamos a cualquiera por la calle qué le trajeran los reyes la respuesta sería, sin duda, Una gran resaca.
Sex & the Village I, II, III, IV.
servido por amigaeterna
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22 Noviembre 2006
En uno de nuestros clásicos repasos semanales por nuestra vida sentimental, Charlotte, Samantha y yo nos preguntamos lo mismo, ¿qué ha sido del amor cortés?.
Parece que nos hemos vuelto tan liberales y modernas que ya no está de moda lo de que sean ellos los que te vengan a cortejar, están tan acostumbrados a que se lo demos todo hecho que ya no hay manera de que muevan un dedo para la conquista. La que más y la que menos hemos pasado por situaciones de ese tipo.
Samantha nos estuvo contando cómo tuvo que acercarse a su ligue de la noche para poder obtener una respuesta satisfactoria. Por supuesto él estaba interesado, pero no fue capaz de atender a ninguna de las señales y acercarse a hablar con ella.
Dos cañas y un vino más tarde, Charlotte nos acabó confesando que su sábado fue tan desastroso que tuvo que acabar recurriendo al halago seguro de ese ligue de toda la vida que sabes que siempre guarda la esperanza de que acabarás con él. Ese que con que solo lo mires ya te dirá alguna palabra bonita.
Yo misma, me he pasado varias semanas jugando a las miradas, al roce sutil, a la sonrisa velada... para darme cuenta de que únicamente ha resultado efectiva la fría distancia de la indiferencia.
Y es que no se trata de volver a los tiempos en que resultaba apropiado que el macho dominante arrastrara por los pelos a sus conquista a su cabaña. Pero se echa de menos cierto cortejo previo a la conquista, que suba el ánimo, que conquiste, que apabulle... aunque el único fin no sea más que acabar compartiendo una noche de pasión.
Puede ser que no estemos buscando en el sitio adecuado, quizás deberíamos cambiar de objetivos, o que simplemente ya no está de moda jugar a las miradas para conseguir la conquista.
Pero la conclusión inevitable a la que llegamos después de nuestra, como siempre, provechosa reunión de amigas es que la próxima vez quedaremos para ver juntas "Las amistades peligrosas".
Sex & the Village I, II, III
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7 Octubre 2006
Qué difícil es dar el primer paso una vez superada la primera noche de encuentro y pasión. A veces el azar, destino o como queráis llamarlo, propicia los encuentros... ¿pero qué hacer cuándo el destino ya no está de tu parte? ¿cuando tu vida se ha vuelto tan predecible y rutinaria que no hay cabida para los encuentros fortuitos?
Justo en ese punto es cuando te planteas dar uso a ese número de teléfono que atesoras en tu agenda, pero ¿por qué has de ser quién de el primer paso?, ¿por qué no te llama él?, ¿no está interesado?, ¿se está planteando las mismas dudas?, ¿mira el teléfono con avidez esperando tu llamada?
Evidentemente eso no se puede saber a no ser que decidas dar el primer paso y siempre es más bonito todo encuentro casual. Pero, ¿cuando es el momento en que la causalidad ha de desplazar a la casualidad?
La semana pasada una amiga y yo vivimos la misma situación con distintos chicos, ambos buenos amantes casuales que en nuestro interior esperamos que lleguen a más... yo me había intercambiado el teléfono con el mío. Así que la duda estaba servida. Ambas nos encontrábamos en situación de dar paso a la causalidad, pero decidimos seguir jugando a los dados.
Después de la espera, la emoción y el desencanto ambas vivimos la casualidad deseada, en el momento justo en el que ya no esperábamos nada, ambas vivimos reencuentros más o menos fortuitos que nos llevan una vez más al mismo punto. ¿Me llamará?, ¿Debería de llamarlo? y si lo hago ¿demostraré con ello mi debilidad?
¿Por qué nos tenemos que tomar las relaciones como una batalla o una disputa en la que la tregua no es posible?
Sex & the Village: I, II
servido por amigaeterna
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30 Septiembre 2006
Voy a empezar hoy con una pregunta que lleva un tiempo rondándome la cabeza, ¿es posible establecer una relación afectiva con alguien con quién te has acostado la primera noche?
Pese a que vivimos en una sociedad moderna, en que la mujer ya se ha liberado de sus ataduras, el hecho de que una se pueda plantear esta pregunta implica que no estamos tan liberadas como creemos.
Yo siempre creí e intenté hacerme ver a mi misma, que el sexo puede tener múltiples formas, sexo con amor, sexo de una noche, sexo de reencuentro, sexo por sexo, sexo para conocerse, sexo para reconocerse... y todas las múltiples iteraciones que a cada uno se le ocurran. Por otro lado he tenido múltiples formas de empezar a establecer una relación, modo pudoroso de no acostarse hasta por lo menos la tercera cita, modo sexo con pasión y ya veremos qué ocurre, modo sexo con amigo que se acaba enamorando de ti, modo sexo lento tras meses de conocerse y descubrirse... así que hoy en día debería de darme igual semejante pregunta, pero resulta que una vez una amiga me dijo que si te acuestas con un chico en la primera noche luego es imposible ir más allá porque entonces ya no te va a respetar.
Aunque no estuve de acuerdo con esto nada más oírlo, el caso es que le he dado muchas vueltas, porque ¿será que los hombres buscan como novias a chicas puras y castas que les cuiden la casa? o ¿somos nosotras las que vivimos con esa inhibición en nosotras mismas?
Quizás deberíamos quitarnos todos los prejuicios, porque al fin y al cabo, ¿no es mejor saber a priori cómo funciona tu pareja en la cama? ¿no evitaría esto muchos desengaños?
Pero por otra parte, ¿no resulta mejor conocer a alguien poco a poco y descubrir el sexo de una forma pausada y con confianza?
Es evidente que no es lo mismo sexo que amor, pero, ¿hasta qué punto no es más importante el sexo que el amor?
Nota de la autora: Este relato esta basado en hechos ficticios, todo parecido con la realidad es circunstancial.
Sex & The Village I
servido por amigaeterna
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