Sabes que realmente el buen tiempo se acerca en esta cuidad cuando los jacarandás están en flor y su color violeta llena las calles, tanto cuando miras hacia arriba, hacia las copas de los árboles, como al suelo, tupido con las flores que no resisten el paso del viento y del tiempo.
Quise mostrarle a mi madre esa imagen que tanto me gustó en mi primera estancia en Buenos Aires, pero por desgracia calculé mal y ella pasó conmigo la primera semana de Octubre. Con la primavera recién estrenada las mañanas aún nos despertaban frías y por las noches hacía falta una chaqueta para protegerse del frío.
Cuando mi madre se fue insistió en que me quedara su cámara de fotos. Yo la rechacé, al fin y al cabo ya había estado aquí más de cinco meses el año pasado y poco me quedaba por fotografiar. Además, es bonito pensar que los recuerdos buenos habitan en algún lugar del recuerdo, tal y como los vivimos y recordamos, no como una máquina es capaz de capturar.
Han pasado poco más de seis semanas desde que mi madre se fue. He vuelto a recorrer las calles de esta ciudad como si nunca la hubiera dejado el pasado Enero. Otra vez me ha vuelto a sorprender la floración de los jacarandás. Ese color violeta poblando el cielo y el suelo. Sus flores parecen retener la luz que absorben durante el día y durante unos minutos, en ese momento en que el sol se pone y las formas se desdibujan, parecen fluorescer con luz propia.
Hace unos días pude ver una de las imágenes más bonitas que esta ciudad me ha enseñado hasta el momento. Fue una pena no poder tener la cámara de mi madre para poder compartir con ella esta imagen. Cruzando la plaza de San Martín de repente me vi envuelta por el color violeta de varios de los jacarandás que hay allí plantados. El suelo estaba completamente cubierto por las flores violetas de uno de los árboles, y bajo éste un banco en el que una pareja se besaba con cierto pudor. Los amantes sólo eran una mancha marrón en medio del violeta del cielo y del suelo.
1. m. Ave fabulosa que los antiguos creyeron que era única y renacía de sus cenizas. Era u. t. c. f.
2. m. Persona o cosa exquisita o única en su especie. El fénix de los ingenios.
El fénix desplegó sus alas, quizás para desmostrar que aún podía volar. El dolor fue horrible. Todo aquel fuego. La tinta. La palabra. La muerte. Todo ligado en una amalgama descolorida y sin gracia.
Desplegó sus alas y volvió a volar. No reconocio el lugar en que se encontraba. En seguida supo que estaba lejos de casa. Quizás muy lejos, sin embargo reconocio ciertas formas, ciertos colores familiares. Quizás una segunda vida lleve a eso., al reencuentro de lo desconocido familiar.
Pensó sobre su supuesto don. Renacer implica inmortalidad. ¿Es justo salvar la muerte una y otra vez cuando todo lo que te rodea no trasciende?. Pese a que todo lo que te encuentres no sea más que lo mismo, repetido una y otra vez. Todo fluye, que dijo el filósofo.
Sintió vergüenza. Quizás no era el momento de desaparecer. Quizás no era el momento de aparecer. Vendrán muchos nuevos, pero se han ido más. ¿Dónde están ahora?.
It's hard to find
Hard to find
Hard to find the strength now but I try
And I don't want to
Don't want to
Don't want to go on and speak now
Of what's gone by
Cos no matter what I say
No matter what I do
I cant change what happened
No matter what I say
No matter what I do
I cant change what happened
You just slipped through my fingers
And I feel so ashamed
You just slipped through my fingers
And I have paid
Cos no matter what I say
No matter what I do
I cant change what happened
No matter what I say
No matter what I do
I cant change what happened
No no I can't change
Just slipped through my fingers
And I feel so ashamed
You just slipped through my fingers
And I have paid.
Amor, te necesito.
En la distancia tu rostro se desdibuja y ya no encuentro tu sonrisa en el espejo.
Amor, te quiero.
Busco tus ojos tras cada mirada pero tan solo me sigue tu voz, lejana, como en un sueño.
Amor, ven a buscarme.
Ya solo hay pasado y futuro en mis recuerdos, necesito tejer un presente en que tu estés.
Amor...
Entonces Bioy Casares recordó que unos de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres
Ficciones J.L. Borges
Lo bonito de estar en el extranjero es intentar prenderte de lo que te rodea, de la forma de vida, de los usos y costumbres del lugar. Teniendo en cuenta que soy una adoradora de la prosa, ¿quién mejor que Borges para enseñarme algo de la cultura argentina?.
Además, vivo a una cuadra de la calle que lleva su nombre.
Hay carteles por toda la cuidad diciendo esto, y es cierto, no hay cuidad (ni pueblo) sin poesía.
Cada lugar tiene su ritmo, su cadencia, su rima, asonante o disonante.
El pueblo que me vio nacer y crecer rima medieval, con palabras y palabros perdidos hace siglos, con usos y costumbres añejas.
La cuidad que me vio madurar es una tonada alegre, multicolor, multicultural y profunda, en gallego/castrapo.
La gran urbe que me acoge me recibió con ruido, inicialmente mi mente se blindó a ella incapaz de discernir la rima de su poesía, busqué consuelo en la tonada compostelana llevada por la morriña. Ahora, dos meses después, aún sigo desentrañando la cadencia de estas calles y estas gentes.
Lo bello de viajar, de vivir por una temporada en otro lugar tan lejano, es descubrir la poesía que envuelve todo lo que te rodea, dejarse llevar por su ritmo, descifrar el orden que se esconde tras el bullicio y empaparse de aquello que mueve a la gente que te rodea.
Por un tiempo mis sueños se visten de plata en Buenos Aires. Definitivamente la poesía de esta cuidad late cada día más fuerte en mis entrañas.
Hay cosas que no se pueden programar y, en general, aquello improbable que ansiamos tiene tantas posibilidades de suceder como lo que nos es indiferente, esto es, pocas. Sin embargo, a veces la vida juega con dados trucados y se salta la estadística, haciendo que aquello poco probable suceda. A veces da la impresión de que sólo las cosas malas se saltan la estadística, y que las buenas la siguen al pie de la letra (véase el número de veces que a un ser humano medio le ha tocado la lotería), pero esta percepción también conocida como Ley de Murphy es, a mi entender, errónea, y responde únicamente a que miramos más al cielo en los malos momentos que en los buenos. Si llueve hay que implorar para que escampe y cuando sale el sol falta tiempo para coger el bañador sin pensar en dar gracias, y es que, realmente, ¿se le puede agradecer algo al azar?. Así que, como dijeron aquellos poetas del sur, las matemáticas no aman, pero tampoco fallan.
Amiga eterna de la chicadelnorte, su gemela oscura....
Disfruto a veces de mi soledad, siempre de su compañía y casi siempre de la musica, de los libros raros y convirtiendome de vez en cuando en otras personas, visitando otros mundo a través del rol...