It's hard to find
Hard to find
Hard to find the strength now but I try
And I don't want to
Don't want to
Don't want to go on and speak now
Of what's gone by
Cos no matter what I say
No matter what I do
I cant change what happened
No matter what I say
No matter what I do
I cant change what happened
You just slipped through my fingers
And I feel so ashamed
You just slipped through my fingers
And I have paid
Cos no matter what I say
No matter what I do
I cant change what happened
No matter what I say
No matter what I do
I cant change what happened
No no I can't change
Just slipped through my fingers
And I feel so ashamed
You just slipped through my fingers
And I have paid.
Una sombra se cruzó por el rabillo del ojo. No tenía ganas de hablar, así que hizo caso omiso y siguió trabajando como si nada. Su cara de concentración siempre había sido muy convincente.
Sintió un frío gélido en la nuca. Giró la cabeza rápidamente y ahí estaba, su propio rostro asustado mirándola desde un espejo. No había nadie más en la habitación.
¿Había realmente pasado alguien a su espalda? ¿Había imaginado la presencia de un compañero?
Volvió a mirarse al espejo. Ahí estaban los rasgos conidos. Sonrió y la imagen le devolvió la sonrisa, se acercó un poco más para ver de cerca esas arruguitas que se le formaban en los lados de la boca. El tiempo pasa-pensó.
Volvió a su trabajo, pero no pudo concentrarse. Se dio la vuelta para encontrarse de nuevo con su gemela idéntica. Mantuvo la mirada en sus ojos durante un instante. Tenía cara de sueño. Le pareció ver algo raro en el rostro que la observaba desde la fría superficie. ¿Era su propia imagen o había algo más?.
Durante varios minutos probó caras y gestos, saludos, sonrisas... para comprobar si cogía a su otro yo en un renuncio. Por veces le pareció ver un retardo en la respuesta. ¿Se estaba volviendo loca o realmente su reflejo tenía consciencia. Le pareció notar una pequeña sonrisa irónica en su pareja.
No podía ser, tenía que dormir más. Volvió a concentrarse en el trabajo ahuyentando la sospecha.
De repente una mano se apoyó en su hombro. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Su corazón se aceleró.
-Che, boluda... ¿ya no se saluda?, acabo de entrar hace un rato y no me has dedicado ni una triste sonrisa-
Amor, te necesito.
En la distancia tu rostro se desdibuja y ya no encuentro tu sonrisa en el espejo.
Amor, te quiero.
Busco tus ojos tras cada mirada pero tan solo me sigue tu voz, lejana, como en un sueño.
Amor, ven a buscarme.
Ya solo hay pasado y futuro en mis recuerdos, necesito tejer un presente en que tu estés.
Amor...
Entonces Bioy Casares recordó que unos de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres
Ficciones J.L. Borges
Lo bonito de estar en el extranjero es intentar prenderte de lo que te rodea, de la forma de vida, de los usos y costumbres del lugar. Teniendo en cuenta que soy una adoradora de la prosa, ¿quién mejor que Borges para enseñarme algo de la cultura argentina?.
Además, vivo a una cuadra de la calle que lleva su nombre.
Quizás el viento lleve estas palabras allí donde han nacido.
A veces los sueños cobran demasiada fuerza como para poder soportarlos.
A veces, lo pensado supera a lo vivido... y se vuelve vívido, tan vívido que da miedo.
Porque fue suficiente hablarle con los ojos desde alli. Si en ese mismo instante su vida era tranquila y feliz, la vino a revolver con bollitos y miel
Mareas en la tierra, el cielo iba cubriéndose de gris. Porque salió el torrente, el miedo y las ganas de sentir. Y quiso saborear la masa de su pan.
Revolvió su calor con su voz, con leche y azucar se lo dio a beber. Bordeó el corazón la razón con unos besos de ron y miel. Horneó con su aliento su pelo, y caramelo parecia al terminar. Y quiso saborear la masa de su pan.
Escribele canciones, enviale tu voz donde él esté. Vagando por su almohada le vino a visitar en sueños él. La vino a revolver y se dejo hacer.
Estampidas en la tierra, el cielo iba tiñéndose marfil. Porque brotó el torrente, el verbo y las ganas de sentir. Y pudo saborear la masa de su pan
Él revolvió su calor con su voz, con leche y azucar se lo dio a beber. Bordeó el corazón la razón con unos besos de ron y miel. Horneó con su aliento su pelo, y caramelo parecia al terminar. Y pudo saborear la masa de su pan.
Hay carteles por toda la cuidad diciendo esto, y es cierto, no hay cuidad (ni pueblo) sin poesía.
Cada lugar tiene su ritmo, su cadencia, su rima, asonante o disonante.
El pueblo que me vio nacer y crecer rima medieval, con palabras y palabros perdidos hace siglos, con usos y costumbres añejas.
La cuidad que me vio madurar es una tonada alegre, multicolor, multicultural y profunda, en gallego/castrapo.
La gran urbe que me acoge me recibió con ruido, inicialmente mi mente se blindó a ella incapaz de discernir la rima de su poesía, busqué consuelo en la tonada compostelana llevada por la morriña. Ahora, dos meses después, aún sigo desentrañando la cadencia de estas calles y estas gentes.
Lo bello de viajar, de vivir por una temporada en otro lugar tan lejano, es descubrir la poesía que envuelve todo lo que te rodea, dejarse llevar por su ritmo, descifrar el orden que se esconde tras el bullicio y empaparse de aquello que mueve a la gente que te rodea.
Por un tiempo mis sueños se visten de plata en Buenos Aires. Definitivamente la poesía de esta cuidad late cada día más fuerte en mis entrañas.
Hay cosas que no se pueden programar y, en general, aquello improbable que ansiamos tiene tantas posibilidades de suceder como lo que nos es indiferente, esto es, pocas.
Sin embargo, a veces la vida juega con dados trucados y se salta la estadística, haciendo que aquello poco probable suceda.
A veces da la impresión de que sólo las cosas malas se saltan la estadística, y que las buenas la siguen al pie de la letra (véase el número de veces que a un ser humano medio le ha tocado la lotería), pero esta percepción también conocida como Ley de Murphy es, a mi entender, errónea, y responde únicamente a que miramos más al cielo en los malos momentos que en los buenos.
Si llueve hay que implorar para que escampe y cuando sale el sol falta tiempo para coger el bañador sin pensar en dar gracias, y es que, realmente, ¿se le puede agradecer algo al azar?.
Así que, como dijeron aquellos poetas del sur, las matemáticas no aman, pero tampoco fallan.